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OLA DE FRIÓ - PORQUE FROTAS TUS MANOS O MUEVES LAS PIERNAS CUANDO HACE FRIÓ

Casi por instinto, cuando hace frío te mueves (frotas tus manos, mueves las piernas y los brazos… ). 


Es que son medidas inteligentes porque al moverte generas calor, son avisos de tu cerebro que estas perdiendo temperatura y tienes que buscar una fuente de calor, un instinto de supervivencia.

Tu cerebro da orden a los músculos de contraerse rápidamente. Por esa razón cuando tienes frío te encoges y sientes entumecimiento.

Si el frío es intenso, las contracciones de los músculos se hacen intermitentes y se producen “espasmos” musculares que –con una eficacia pasmosa– transforman energía en calor y permiten mantener la temperatura corporal. Por ello tiritas, tus dientes castañean…

EL POR QUÉ DEL HORMIGUEO Y LA PALIDEZ

Como hemos dicho, cuando hace frío tu cerebro tiene un plan: no perder temperatura corporal. Y para lograrlo activa otros mecanismos muy curiosos.

Uno de los más efectivos consiste en “redirigir” la sangre para evitar al máximo que pase por zonas cercanas a la piel, que está en contacto directo con el frío exterior.

Para lograrlo, los vasos sanguíneos más externos se contraen. Y esa es la razón por la que la circulación a los dedos disminuye, y también el motivo por el que puedes percibir hormigueo.

¿SIRVE PARA ALGO LA “PIEL DE GALLINA”?

Aislar la piel es otra forma estupenda de evitar que el calor del cuerpo “se escape” en contacto con el frío del ambiente. Y en este punto… el pelo entra en acción.

Cuando hace frío unas diminutas fibras musculares localizadas en el folículo del pelo también se contraen. Como consecuencia, el pelo se eriza. Y, al hacerlo, bajo él se crea una capa de aire que aísla la piel térmicamente y evita que se “escape” el calor.

El problema en los humanos (los animales son más eficaces en esto) es que se ha perdido la mayor parte del pelo que recubre la piel. Por ello, en muchos lugares solo se percibe la erección del folículo velloso, lo que se visualiza como la conocida “piel de gallina”.

EL FRÍO SÍ PUEDE DOLER

Cuando el termómetro baja mucho y el organismo lo detecta, se activan los receptores del dolor.

El objetivo es avisar de una forma más intensa a la persona, es "la última llamada" para que busque maneras de entrar en calor antes de que se produzca la hipotermia.

Eso explica por qué a veces sientes dolor en la cara, las orejas o las manos cuando no las estás protegiendo adecuadamente.

Otros síntomas que hay que tener en cuenta y que pueden alertar de una hipotermia son la dificultad para coordinar movimientos de motricidad fina (que cueste escribir o atar un cordón, por ejemplo), los temblores que no se pueden controlar y una extrema palidez cutánea.

El ritmo del corazón también puede cambiar: aunque al principio se produce una taquicardia para subir el ritmo arterial, su latido puede ir volviéndose lento a medida que nos exponemos al frío.

En caso de hipotermia se puede dar una fibrilación ventricular que lleva a la parada cardiaca.

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